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A todas las personas nos gusta más cierta parte de nuestro cuerpo, y le tenemos menos cariño a otras. Hasta aquí, no hay problemas, pero hay quienes realmente lo viven con sufrimiento. Y eso tiene nombre.

Verse mal, o no gustarse, no es sólo coquetería. Puede tratarse de algo más complicado y, para entender de qué se trata, hay que conocer esta palabra: dismorfofobia. Se trata de un trastorno bastante frecuente pero que, paradójicamente, se mantiene en un cono de sombra. Y de silencio.
cuerpo2.jpgEste trastorno dismórfico corporal –el otro nombre con que se lo conoce- es un rechazo a alguna o varias partes del cuerpo, con una preocupación crónica sobre el tema. Esto puede llegar a provocar conductas como mirarse constantemente en espejos, vidrieras y estar constantemente preocupado pensando en el tema. Pero también puede darse la reacción opuesta: tapar los espejos para no verse. Y hacer lo imposible por disimular esa región del cuerpo que tanta angustia despierta.
cuerpo1.jpg Con el paso de los años, lejos de curarse, esta patología puede llegar a agravarse e, incluso, la zona corporal que causa esa obsesión puede ir variando en distintas épocas. “Existe un hecho muy curioso en torno a este trastorno y es que casi nunca se consulta por este tema directamente con un profesional. Puede darse el caso de que se haga la consulta, pero por cualquier otra razón –explica la médica Raquel Ferrazzano de Solvey-. Las personas no sienten que tengan fobia a una parte de su cuerpo: tan sólo consideran que son feos”.
Claro, al desconocer la gravedad del asunto, difícil es que se llegue a una solución. Entonces, las consultas son a un cirujano plástico, o a un dermatólogo… pero rara vez a un psiquiatra. “Existen estudios recientes revelaron que podría afectar casi al 4% de la población, aunque en su mayoría son casos que permanecen escondidos”, señala Pablo Solvey, médico psiquiatra y responsable, junto con la doctora Ferrazzano, de Terapias de Avanzada®, una novedosa manera de tratar casos como estos.

Teniendo en cuenta que la persona que sufre esta dismorfofobia nunca admite su exageración en la apreciación de su supuesta fealdad, y hay ideas sobrevaloradas en torno a la imagen, es posible darse una idea del padecimiento que representa para quien lo sufre. Cuando comienzan a tomar conciencia, el primer sentimiento que aparece es la vergüenza. Que es seguida, inevitablemente, de una depresión.

¿Cómo tratarlo? “Existen métodos nuevos, eficaces e innovadores, que son los más apropiados para este tipo de afecciones”, explica la doctora Ferrazzano. Estas nuevas terapias están basadas en tratar directamente el problema: corrigen las funciones cerebrales que, a causa de una situación perturbadora, no están trabajando de manera integrada. La terapia con un método clásico, a diferencia de esta, se concentra en el diálogo y la interpretación. ¿Cómo se cura, entonces? Directamente sobre aquello que perturba. En este caso, la percepción que se tiene acerca del propio cuerpo.

Los métodos de trabajo incluyen técnicas de integración cerebral, como EMDR, técnica de los anteojos hemisféricos y la técnica de un ojo por vez. También se usan técnicas basadas en la energía, en las que se trabaja sobre distintos puntos del cuerpo de liberación del estrés emocional. Suena novedoso. Lo interesante es que, se dice, también es efectivo para tratar estas y otras patologías que causan sufrimiento y no nos permiten hacer algo tan simple como difícil de lograr: disfrutar.
Más info en http://www.terapiasdeavanzada.org/

… que la vida en el country no está tan buena como las inmobiliarias vendían. Un informe del CEETA -Centro de Estudios Especialista en Trastornos de Ansiedad- asegura que la vida dentro de los countries y barrios privados puede producir ansiedad social. Y que hubo un importante aumento de las consultas por estas patologías en los últimos tiempos.

Una vez más, la realidad supera a la ficción. Se sabe de casos de hombres y mujeres -no sólo se trata de tristes y solitarias amas de casa- que sufren el aislamiento social que provoca su vida allí, en medio del verde y lejos de muchos afectos.

“El contacto con la naturaleza provoca bienestar y tranquilidad, pero, en general, las personas están sumidas en la soledad social, lo cual acarrea diversas consecuencias en el terreno anímico: genera más sensaciones y síntomas de ansiedad, para quienes tienen la predisposición genética, con estados de angustia concomitantes”, afirma la Licenciada Gabriela Martínez Castro, directora del CEETA.

¿Un estilo de vida? ¿Un experimento? ¿Vos qué pensás?

Para seguir pensando…